sábado, 16 de mayo de 2009

Delicioso - parte 3 de 3

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Me encuentro en la azotea de un edificio próximo al Cube Club. Ha comenzado a llover, pero incluso así soy capaz de seguir el rastro. Ese olor a caramelo no es tan fácil de ocultar y menos aún cuando ha pasado a convertirse en parte de mi obsesión. Los neones brillan con fuerza en la noche. Ya es tarde y se acerca la hora de cierre. Respiro profundamente. Oscuridad y el profundo eco de mi respiración, esto es lo único que encuentro. Me retiro a mi interior apaciguando al animal que llevo dentro. Ya queda menos - me tranquilizo - se paciente y obtendremos lo que deseamos.

De repente el olor se intensifica sobremanera. Esto rompe cualquier intento de calma, de hecho es la razón por la que estoy aquí. Abro los ojos y observo que del local ha salido una pareja. Los conozco perfectamente, son ellos, Geraldine y su héroe traidor. Están a punto de doblar la esquina y antes de perderlos de vista salto a la azotea de enfrente. Hay una gran distancia, cosa que no me impide llegar hasta mi destino, pero lo que si me preocupa es mantenerme oculto. Me asomo al otro lado del edificio y no los veo. Esto me preocupa, mi corazón siente un vacío extremo. Agudizo mi olfato. No puede ser, están muy cerca, el olor es aún más intenso. Voy hacia un lateral y observo con cautela en la oscuridad. Ahí están, por eso mismo no habían llegado al otro lado. En una esquina, agazapados en el oscuro anonimato, creen estar a salvo.

Me deslizo por la pared con una simple caricia sobre el frío y húmedo ladrillo. Me convierto en aire, agua, polvo y estrellas. Soy un todo y no soy nada. El ruido no se percata de mi, por lo que no existo para él. Formando parte de las sombras, los observo con enorme curiosidad. Se besan, se tocan no dejando hueco por explorar. Las manos de él se introducen bajo la ropa de Geraldine hasta destapar uno de sus senos. Humedo y blanquecino, pezón erguido, orgulloso y malherido hasta quedar violentamente oculto por su boca. Ella se arquea dejando que su cabellera apunte hacia el suelo. Sus ojos cerrados se alzan al cielo mientras gime. Su respiración entrecortada y el acelerado bombeo de su corazón llegan a mi. No puedo más que sonreir, es una escena tan... ¿típica? ¿apetecible? Él la vuelve a agarrar con fuerza por el cuello y la atrae para recuperar esos besos sin dirección. No puedo evitar que todo esto me recuerde a un pasado muy lejano. Él la empuja hacia abajo mientras se desabrocha los pantalones. Geraldine obedece sumisa mientras toma entre sus manos su sexo erecto. Lo besa y chupa hasta hacerlo desaparecer en su boca. Este es mi momento, ha llegado la hora.

Polvo de estrellas en una densa oscuridad cuya levedad hacen de su movimiento una bella expresión del exisitir. Brillantes minucias sin significado propio que lo son todo. Ausencia de frecuencias hasta que, una vez más, es mi respiración la que se abre hueco hacia la mar. No es una mar cualquiera, es roja, viva y muerta, agitada y maltratada, virgen y desolada. Voy hacia ella, su rumor imperceptible clama mi nombre en una cadencia hipnótica. La eterna repetición, el eterno contínuo, no es más que eso, una acción más dentro de un mundo repleto de actividades muertas, sin sentido, sin rumbo fijo, pero que lo son todo para un correcto funcionamiento... en ese punto nos encontramos amigos y no lo sabeis. Soy vuestra sombra, soy quien limpia la basura que dejais a vuestro paso, soy quien permite que vuestras vidas puedan ser reales... soy yo el resultado de vuestras pesadillas, soy yo el deseo de vuestras vidas, vuestras frustaciones hechas persona... ese soy yo.

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Epílogo

Geraldine abre los ojos. Se encuentra mareada, pero no tarda más de un segundo en darse cuenta de que todo es real. Sale de su cama y se dirige a la ventana. Fuera, el día es gris y oscuro, la lluvia parece acompañarla desde aquella noche. Han sido muchos los interrogatorios, muchas incógnitas y un total desconocimiento de lo sucedido. Se le hace un nudo en la garganta con solo recordarlo. No puede evitar sentirse sucia y aterrada. A oscuras, en un callejón, borracha y chupándosela a su novio hasta que de repente este cae sobre ella. Su primera reacción fue mandarlo a la mierda pero lo siguiente fue un grito que tuvo que escucharse hasta en el mismo infierno. Allí, frente a ella, su cuerpo decapitado no era más que un contínuo regadero de sangre. El olor a muerte, las salpicaduras, su pene aún presente. No puede soportarlo, se tapa la boca intentando ahogar un grito de angustia ante el tremendo horror de la barbarie y el enorme temor a lo desconocido. Su corazón late a una velocidad inusitada y un desorbitado vacío crece en su pecho. No cree que pueda soportar mucho más así, ni tan siquiera con la medicación. Su vida ya no será igual.

De repente, a lo lejos, a través de la ventana, puede ver como alguien la observa. Es extraño, puede sentir su mirada penetrándola. El tiempo parece detenerse. Todo se calma. No sabe muy bien lo que ocurre, pero le resulta familiar, tentador, agradable y misterioso. La situación actual parece no tener importancia. Algo le dice que todo puede cambiar, que todo irá bien. Tiene miedo, pero se siente atraída ante esta extraña sensación ¿quien es? Sus ojos parpadean para recuperar su hidratación y ese mínimo instante casi inapreciable su misterioso hombre ha desaparecido. Aún así, sabe que ahora no está sola. Cierra la cortina preocupada. No es normal esto que siente, pero prima su incertidumbre. Se tumba en la cama ensimismada mirando al techo. Poco a poco cierra sus ojos y lo único que ve es polvo de estrellas en una densa oscuridad cuya levedad hacen de su movimiento una bella expresión del exisitir...

1 comentario:

Ariadna dijo...

Brrr me dejas con los pelos de punta... Qué inquietante!


Escribes fenomenal cariño

Un besito