lunes, 7 de junio de 2010

La luz

Photobucket

Vacío ante un ente reluciente. No puedo más que seguir mi camino hacia la nada, alejarme de la luz. Llego al borde del abismo y es aquí donde debo decidir. Podría ser valiente y saltar de cabeza con los brazos abiertos, dispuesto a abrazar aquello que me depare el destino. Pero no, me agacho de cuclillas y alargando el píe izquierdo voy tanteando que hay más allá de la oscuridad. El terreno se ve resbaladizo y muy inclinado. Detengo mis pesquisas y miro a la oscuridad directamente a sus ojos. Se que me llama como si de un cobarde se tratase. Se ríe de mi y no hacen falta más palabras. Me reincorporo y de frente a ella escupo al suelo. Este será el último vestigio que de mi verá la luz. A partir de ahora solo seré un cuchillo afilado dispuesto a atravesar la más fina capa de densidad efímera... tan efímera como la realidad, tan real como mis pensamientos, tan dispar como la verdad. Me doy cuenta de que eso soy yo, un no querer entender lo que me rodea y es por ello que me adentro en sus visceras. Salto de cabeza con los brazos abiertos... huyo... escapo... vuelo... Apenas queda oxígeno. Noto como voy perdiendo el conocimiento... es tan dulce que no puedo más que sonreir... y ahí está, al otro lado... la luz. Intento alcanzarla, pero ni tan siquiera me quedan fuerzas para mover un solo dedo...

jueves, 3 de junio de 2010

( ... )

ancho 300

Ojos cerrados y respiraciones profundas... no es lo que parece, no es más que nada y lo es todo, solo es oscuridad brillante que reduce mi visión a un incandescente dedo de arrebatadora furia lasciva... me gusta ese movimiento... si, lo se... por muy lento que quiera ir mi pulso me lo impide... tu marcas el ritmo... eso hago... No pares, ya casi estoy... ¿Quien dijo no ver nada en un país de ciegos?... mancos y cojos se abrazan al final de la carrera y el juez visceral escupe su legado... ya está todo dicho, serás tu mi verdugo... y yo tu dulce muerte... ¿juntos para siempre?... Nunca dejamos de estarlo... Te vi nacer y hacía mi correr... fueron tus brazos los que recibieron mi cuerpo... tu calor mi alma siempre alimentó... lo se, y así seguirá siendo... ¿quien dijo no, estando tu a su lado?... el loco más loco en un cofre se encerró... ¿y que pasó con lo años?... el silencio navegó... el silencio navegó... el silencio...

martes, 1 de junio de 2010

Beurre U

Photobucket

Hoy día 1 de junio es un día muy especial para una persona aún más especial. Lógicamente me alegro por ella, pero ¿como es posible que haga de este día algo tan personal que su felicidad sea la mía propia? Desde luego que tengo la respuesta, pero no es más que un entresijo de la felicidad que crece con vida propia y eso, no es que sea secreto de sumario... pero démosle esa definición :)

¡¡¡QUE DISFRUTES ESTE DÍA Y TODOS LOS QUE TE QUEDAN POR DELANTE!!!

Beurre U!!!

miércoles, 26 de mayo de 2010

No lo pienses más

Photobucket

Quizás ocurra siempre, pero creo que ni tan siquiera quiero ser consciente de ello. Caminando por las calles desiertas, viendo como los árboles se mecen con el viento, me da que pensar. Es un cambio radical en mi vida, dejar mucho de lo acumulado atrás, realizar un regate al destino y burlarme de mi propia pericia para conseguir aquello que siempre pensé desear. Es curioso ver como hacen que nuestros deseos ni tan siquiera nos pertenezcan, pero así lo sentimos y así lo asumimos. Al final luchamos por ello y cuando lo conseguimos parece que somos felices... ¿felices? No lo tengo muy claro. Si la felicidad se basa en no preocuparse, no pensar en lo que pueda venir, en sentirte arropado por una rutina que no cambiará por nunca jamás... quizás si, eso sea lo correcto. En mi caso no puedo dejar que el destino se ocupe de mi de esta manera. Encerrado en una burbuja semitransparente que no me permite vislumbrar el sol que irradia vida, fuera de foco nada de lo que veo es claro.

Estos son algunos de mis pensamientos cuando me doy cuenta de que ya he llegado a mi destino. La puerta del portal está abierta y paso sin tocar en el intérfono. Subo al segundo piso por las escaleras. Disfruto del silencio y del eco de mis pasos en cada escalón que avanzo. No se muy bien que hago aquí, pero el desconocimiento me produce una excitación terrorífica que no puedo evitar buscar. No se muy bien lo que voy a encontrarme y mi pulso se acelera a cada paso que doy. Ya estoy frente a la puerta. Es de color blanco con el marco negro. Se ve majestuosa y para ser sincero, me intimida. No me lo pienso dos veces y toco el timbre. Una leve campana suena en su interior.

Cierro los ojos y una nebulosa parece apropiarse de mis pensamientos. En la oscuridad noto como cada latido de mi corazón violenta mis pensamientos. Pienso en la carne, en cuerpos semidesnudos perfumados y la calidez de una muerte desconocida capaz de transportarme a un nuevo nivel de consciencia. En ese preciso instante se abre la puerta y una oleada de incienso me atrapa como si de una droga se tratase. Abro mis ojos. Ante mi una mujer únicamente ataviada con un corsé negro con motivos rojos. Su rostro está semicubierto por una bella máscara veneciana con plumas. Me invita a pasar con un gesto mientras me sonríe. El interior está apenas iluminado, solo la luz de unas cuantas lámparas rojizas permiten que vea lo que hay a mi alrededor. Pequeñas fuentes de agua fluyen en una eterna repetición y tantos gatos que apenas puedo contar deambulan de un lado a otro. Algunos de ellos se acercan a mi y se rozan contra mis piernas en busca de caricias desangeladas.

Antes de que pueda estudiar con detenimiento mi actual ubicación, la chica me coge de la mano y me conduce hasta una puerta entornada. Ella misma se encarga de abrirla del todo y paso a su interior. La habitación está, si cabe, menos iluminada que el resto de la casa. Esta cubierta de cortinas semitransparentes, convirtiendo el habitáculo en una especie de jardín de las delicias. ¿Por que me vienen estas ideas a la cabeza? - me pregunto, pero antes de poder formularme una respuesta ella comienza a quitarme la camisa. Noto mi cuerpo caliente y temo por una mano fría, pero no es así. Sus manos acarician mi pecho y resulta ser una sensación de lo más cálida. Su aliento llega a mi cuello y se une a mi convirtiéndonos en un solo ente. Su respiración se convierte en el único sonido existente. Me relaja, mi pulso, a la vez que acelerado, toma una cadencia hipnótica que hace que me deje ir como si mi cuerpo no me perteneciese. Los ojos cerrados, respiro profundamente, intentando que este instante sea una vida entera. Cuando me quiero dar cuenta, cosa que no me esmero en hacer, mis pantalones ya no existen y mi cuerpo desnudo se muestra orgulloso ante un oscuro vacío. Sus manos, como si de un guante de tercipelo se tratase, recorren mis muslos, mi sexo, mi estómago, mi pecho, mi cuello, hasta apoderarse de todo mi rostro.

Una corriente de aire mueve las cortinas y un denso perfume embriagador penetra en mi haciendo que pierda la noción del epsacio tiempo. No se donde estoy, no se lo que busco, no se quien me rodea ni a donde puedo llegar, pero no me importa. Solo pienso dejarme ir, pase lo que pase. Quizás sea la última vez que pueda dedicarte algo de tiempo, quizás sea la última vez que nos veamos, pero lo que si es seguro, es que siempre serás lo más importante para mi. Haz que mi deseo se convierta en mi paz, que tu calor sea mi vida... hazlo, no lo pienses más.

viernes, 26 de marzo de 2010

Cuando todos me escuchaban y no quise hablar

Photobucket

El sonido me abstrae por completo de lo que me rodea, pero eso no impide que siga pensando en ti. No puedo entender como la sangre no deja de fluir. Mi sudor se mezcla con el fluido vital. El resultado es demoledor. Pálido, totalmente mojado, el pelo cubriendo mi rostro y lo único que se puede ver... sangre. No es correcto y mucho menos justo, pero si, es una realidad. Aquí estoy, subiendo las escaleras a cuatro patas en busca de una bocanada de aire que llene mis pulmones. Por fin logro salir y mi boca abierta consigue llegar a límites insospechados. Aire, aire y más aire, mis ojos parecen salir de sus órbitas y mis poros echar vapor como si de una locomotora se tratase. Me apoyo en la pared. En pocos segundos soy consciente del violento frío. Mi sudor y la ropa impregnada hacen el resto. Me toco la nariz y compruebo lo que ya sabía. En ese preciso instante, cuando observo mi propia sangre, el sonido desaparece. No hay música, no hay urbe que exista en mi haber, solo los latidos de un corazón, el mío, que late haciéndome comprender que no soy más que un animal asustado que corre hacia la boca del lobo. No puedo evitar reirme ante dicha conclusión. Me atrae el miedo, tanto como me repele. Me reincorporo como puedo, me retiro el pelo de la cara y mirando hacia el interior del local escupo en el suelo. Me voy.

- ¡Ey amigo! ¿Tienes un cigarro? - el joven que requiere de mi bondad se sorprende al ver mi aspecto real.

- ¿Que coño te hace pensar que soy tu amigo? - le miro directamente a los ojos sin ejecutar ningún tipo de expresión. Apenas puedo sentir, apenas desear.

- Lo siento, disculpa - me dice mientras retrocede con intención de alejarse de mi. Antes de que pueda marcharse lo agarro con fuerza por la camisa.

- ¿Pero que coño haces? - grita asustado mientras intenta deshacerse de mi. Busco en mis bolsillos y consigo sacar un cigarro. Se lo doy.

- No, no hace falta, gracias - está completamente acojonado y en su mirada veo a un pájaro deseoso de volar para huir de su predador.

- Gilipollas - le digo muy calmadamente - ahora mismo vas a coger este puto cigarro.

No sabe muy bien como actuar. Mira a sus amigos en busca de ayuda. Estos no reaccionan, no se atreven a intervenir. Lo vuelvo a zarandear para que me preste la atención que merezco. Parece que está apunto de llorar. Alza una mano temblorosa que recoge el cigarro como si fuese un tronco de abeto.

- Gracias

Saco el mechero para encenderlo.

- No, no... está bien... lo quiero para luego.

Puedo oler su miedo, podría incluso decir que se ha cagado encima. Permanezco inmovil, apretando cada vez con más fuerza, mirando sus ojos, como penetrándolos hasta lo más profundo de su ser.

- Está bien - se pone el cigarro en la boca y le doy fuego. Tras la primera bocanada de humo lo empujo con fuerza hasta casi tirarlo al suelo.

- Gracias tío - me dice mientras se une a su grupo de maricas. Su paso se acelera y la camada de cachorros desaparece en la noche fria.

Como adoro esta ciudad. Inspiro profundamente, rebusco entre mis pulmones y vuelvo a escupir al suelo. Es momento de volver a casa.

jueves, 11 de marzo de 2010

Rodrigo Contradigo vs. Contra Dicción

400 anch.

Esperas, lejanías, ausencias... nada de esto es y la mentira se abastece de mi. Negativas y dulces palabras en el denso aire a la espera de una rafaga que, irremediablemente, alejará de mi toda duda ¿o no? Dudas... me pregunto si realmente dudo. Lo que está claro es que de mi mismo no dudo pero... ¿y de los demás? Me digo que no, creo en las personas, quiero creer en sus palabras, y de hecho lo hago, pero lo que la experiencia me ha enseñado es que, por mucha buena voluntad que se ponga, hasta que los hechos hablen por sí solos no debes de creerte nada al 100%. Y ahí estamos, creyendo, confiando, pero siempre atento a lo que pueda pasar.

Me dejo ir, crezco con el dulce aroma que me rodea, nada puede enturbiarse, no ahora. Me lanzo de cabeza y con ojos cerrados, se que no puede pasar nada y si pasase estoy preparado para levantarme y seguir mi camino. Nada es para siempre, esta premisa fue lo último que aprendí por las malas y me lo repito una y otra vez.

Las personas somos inestables por naturaleza y más en el campo emocional. Es por ello que por mucho que queramos no podremos fiarnos de nadie, ni tan siquiera de nosotros mismos. Somos lo único que tenemos, eso es algo seguro.

Aún así te busco en cada esquina, te huelo allá por donde voy, te siento junto a mi y a veces, he de reconocerlo, temo de esta continua falta de miedo... divertida contradicción, temer a no tener miedo... eso es el ser humano, eso es lo que somos, la eterna contradicción.

viernes, 5 de marzo de 2010

Juntos en el camino

Photobucket

Un nuevo mes acontece y nace bajo la inmensa luz de un nuevo porvenir. Gestándose durante un tiempo ya de por si considerable. Nunca se apostó por ello en el futuro. Se antojaba caprichoso y únicamente importaba disfrutar cada segundo que pasase. Así se hizo y así la felicidad no pudo escapar. Sonrisas y ojos brillantes, naturalidad extrema junto a la contención de dos desconocidos que se conocen cada vez más. Un falso intento por alejar toda probabilidad de continuidad y no se habla más del tema. Pero claro, todo dulce acaba por salir de su envoltorio y así fue. Llegaron los días finales y el fin solo fue el principio. Las burbujas ascendían hasta llenar el cielo de colores y ebrios de felicidad el compromiso se hizo realidad.

Ahora, en la distancia, cada vez están más unidos y solo rezan porque los días pasen como hojas de calendario llevadas por el viento. Estamos ahí, juntos en el camino... llegó el momento.